¿Cuándo rendirte con esa persona que te gusta?

¿Cuándo rendirte con esa persona que te gusta?

Cuando somos jóvenes y estamos enamorados, buscando ese gran amor con el que podamos estar hasta que la muerte nos separe, un pensamiento idealista, nos enfrentamos a una gran cantidad de rechazos y decepciones, el corazón se rompe una y otra vez. En ocasiones nos obsesionamos tanto con alguien que hacemos todo lo que esté a nuestro alcance o fuera de él para conseguir el tan ansiado sí. La familia nos dice que hay más peces en el mar, que nos resignemos y comencemos por un nuevo camino, mientras los amigos no incitan a seguir luchando. Por eso les pregunto: ¿Cuándo debemos rendirnos con esa persona que nos gusta?

No te quitaré las ganas de luchar, ni quiero desanimarte. Tampoco estoy en contra de que al primer rechazo de una persona te rindas. Pero te recomiendo estar atento, para que puedas captar todo lo que sucede en tu entorno amoroso y puedas tomar la mejor decisión, pues está en juego  tiempo valioso de tu vida, dinero y esfuerzo. Te voy a contar una historia y dime en qué momento tú te hubieras detenido.

Había una vez un adolescente que cursaba la secundaria, su nombre era Gustavo. El chico conoció en ese lapso de su vida a su primer gran amor, o por lo menos eso creía él. Desde el primer momento en que la vio le gustó y conforme se hicieron amigos, su corazón latía más y más fuerte cada que estaba con ella. Pasaron los dos primeros años siendo amigos, nunca se atrevió a confesarle su amor, pues ella, Mariana, estaba en una relación y además Julio, uno de los amigos del joven, estaba también enamorado de ella. No quiso entrometerse. Fue hasta el tercer año de secundaria, cuando Julio no tuvo éxito y Mariana le había pedido un tiempo a su entonces pareja, que Gustavo se armó con flores y una carta para declararle su amor un 14 de febrero. Llegó el primer rechazo. Le dijeron que sólo lo querían como amigo.

Gustavo no se rindió, el dolor lo carcomía por dentro, pero estaba dispuesto a ir hasta el fin del mundo y regresar por quedarse con el amor de Mariana. Fue detallista, caballeroso, pero la postura de la chica era siempre la misma. Lo quería sólo como amigo. El curso terminó, era hora de pasar a la preparatoria, y el destino decidió que siguieran juntos. Fueron a la misma prepa. Tres años más se verían las caras y el amor de Gustavo no moría. Siguió invitándola a salir, no veía a otras chicas. Mariana aceptaba acompañarlo, comenzaron a besarse pero no había nada formal, ella le decía que eran un ‘free’. En el cuarto semestre de la preparatoria volvió a hacerle la pregunta. ¿Quieres ser mi novia? Un nuevo no retumbo en sus oídos. Cuando estaban a seis meses de abandonar la prepa, Gustavo se hartó. Habló con Mariana, le dijo que ella sólo jugaba con él, que jamás habría algo entre ellos y ella era incapaz de romperle por completo el corazón ya que le gustaba que la trataran bonito. Su alma volvió a respirar.

Ese fue el final de una historia de amor que jamás empezó, pero que terminó con oído por parte del joven hacia la chica. Ahora Gustavo está sentado en un restaurante adornado con celosías con forma de corazones, esperando a Lucía, la mujer a la que le pedirá matrimonio.


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